¿Os ha
pasado alguna vez esa situación por la que escuchas un disco así por casualidad y sin daros
cuenta estáis enganchados a él durante no ya durante días, sino durante meses?
En mi no suele ser muy normal, pero es lo que precisamente me está ocurriendo en
estos momentos con el álbum del que quiero hablar hoy un poco…
Y es que,
gracias a Dios, he tenido la suerte de toparme de bruces con la monumental
figura del desaparecido Luis Alberto Spinetta: uno de los artistas más
originales, prolíficos e inclasificables del Rock argentino.
Es cierto
que con ese don que tienen para la charla, con su labia y desparpajo habitual,
los argentinos han sido de toda la vida unos auténticos maestros a la hora de
encumbrar y engrandecer la figura de sus artistas nacionales. Tal vez por ello,
desde mi propia perspectiva nunca he sido de fiarme mucho de la música que se
nos vendía desde allá, pero es que en este caso resulta que llevan toda la
razón del mundo… Así que cuando leáis por ahí cosas sobre Spinetta y todo sean
halagos, elogios y celebraciones, creedlas, porque seguro que serán ciertas y
bien merecidas.
Luis
Alberto Spinetta (conocido por sus paisanos como El Flaco) era un tipo
enérgico, vibrante y de una creatividad sin límites que empezó a explotar ya a
mediados de los 60, liderando y participando en numerosas bandas de nombres tan
curiosos como Almendra, Pescado Rabioso o Invisible... Bandas todas ellas en
las que los sonidos Psicodélicos, Progresivos, Jazzísticos, Blueseros y Folkies
eran las verdaderas guías orientadoras de su repertorio.
Y digo
guías orientadoras porque lo concreto de la música (pese a la diversidad de
registros por los que se movía El Flaco) creo que en realidad era lo único que podía
servir de cauce a la tremenda y desbordante inventiva e imaginación de este
hombre… Un “cráneo privilegiado”, como bien decía Don Latino de Híspalis en la
famosa obra de teatro de Valle-Inclán titulada ‘Luces de Bohemia’.
Ahora
mismo hablaría de todas y cada una de las nueve canciones que componen 'Artaud' pero como eso no tendría mucho sentido, lo mejor será que mencione los temas
que me atraparon en el primer encuentro cara a cara con el señor Spinetta:
“Cementerio
Club” es uno de esos Blues elegantes, desnudos y básicos que tanto me gustan.
Tiene un aura de misterio y encanto que lo hace irresistible, gracias en parte
al gran trabajo de todos los músicos de la banda, ya que no es fácil dar en el
clavo en un Blues de este tipo… El trabajo fino y detallado de la guitarra es
simplemente espectacular, y el apartado lírico pues es para echar de comer
aparte ya que cuando Spinetta cogía lápiz y papel creaba historias y mundos muy
personales y especiales, aunque como él reconoció en varias entrevistas, la
canción habla sobre la frialdad de la mujer y esas cosas tan propias de los
viejos bluesmen:
“Cantata
de Puentes Amarillos” es en realidad una suma de pequeñas composiciones cuyas
letras tienen un contenido simbólico muy alto, que generan imágenes sugerentes
y originales en el oyente siempre y cuando esté receptivo y tenga capacidad
para ello (a un bakala de barrio le resultará imposible disfrutar de ello, por
mucho que se esfuerce). Pese a la magia
y lo críptico que pudieran ser las palabras de Spinetta en 1973, eso no quita
para que sus canciones no hubiera espacio para la crítica política-social de la
convulsa situación que se vivía en la Argentina del momento: golpes militares,
regímenes dictatoriales, violencia política, terrorismo de estado…:
Pescado
Rabioso y Spinetta volvían de nuevo al ritmo y a las guitarras ‘santanescas’
para cerrar el álbum con “Las Habladurías Del Mundo”, una canción que ahora con
los calores que llegan viene muy bien. La mezcla
de la suave voz de Luis Alberto con el sonido afilado de las guitarras dio un
resultado magnífico y caliente que es que me conmueve por dentro cuando lo
escucho a todo volumen:
Y me
gustaría cerrar el homenaje a este artistazo y al que dicen casi por unanimidad
que es su mejor trabajo, ‘Artaud’, con una canción experimental que demuestra
que con muy poquito se puede decir mucho, “Por”:
“…Clavo
Coito
Dios
Temor
Mujer
Por…”



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